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leaving b.

adiós, b. , adiós. adiós a tu cielo gris, de ése gris y de tantos grises, oscuros y claros, feos y, a veces, bonitos. adiós a tu lluvia permanente y perpetua. (¿por qué hoy sale el sol, b. ? ¿te ríes de nosotros? o quizá sólo te despides, y para tí es como darnos un abrazo). a tus chaparrones a traición, a tus charcos escondidos tras cada baldosa, a tus gotas infinitas, a tu humedad. adiós a tu incomunicación, a tus conflictos (aunque no los volcaste sobre nosotros, es cierto). adiós a lo que me gusta de tí, a tus parques, a la educación de la mayoría de tu gente, a tu eficiencia. pero adiós a tú joder me he olvidado el paraguas, a tus miles de autobuses, a tus cuestas, a tus avenidas anchas, a tu monotonía, a tus ambulancias omnipresentes, a tu universidad distante e incómoda, como un puerto industrial en medio de la nada, pero atractiva por su tamaño. adiós. agur dirías tú, ¿no?. ¿no te da pena vernos marchar? a mi no me da pena, pero luego lo pienso un poco y en el fondo sí, una pena pequeñita, de esa que nos hace mover la cabeza y decir, pobrecillo. te dejo aquí, te dejamos, un trocito de nuestra vida. quizá poco importante. quizá no lo notes, b., eres tan grande... pero seguro que en algo te hemos cambiado, y tú nos has cambiado a nosotros. adiós, b. , adiós.
réquiem

hace quince o dieciséis días robaron una bicicleta. no tenía ninguna particularidad, era vieja, era como cualquier otra que ves atada en una farola o una verja. simplemente alguien pasó, miró a un lado y a otro, la robó rápido, se fue, sin mirar atrás. era la mía. cuando la fui a coger de donde la había dejado, sólo encontré la cadena que la sujetaba, rota, tendida en el suelo. habían reventado el cerrojo. no me llevé la cadena a casa, me pareció que sería como reconocer más aún esa sensación, no de pérdida, sino de violación de mi derecho a la propiedad, esa agresión directa. quién la robaría. pudo ser cualquiera. además, lo que me duele es que, tras el robo, tras el momento inicial de victoria que sentiría el ladrón, comenzaría a ver los defectos de la bicicleta, la grieta en el sillín, el apaño del pedal con un alambre, la inutilidad de tantas marchas, si ya sólo funcionaban tres o cuatro. tras darse cuenta de todo esto, la bicicleta sería abandonada en alguna esquina, o golpeada, o desarmada para siempre. pero a mi me habría seguido haciendo papel, si no la hubieran robado. habría seguido yendo en ella, acariciando su sillín roto, pedaleando incansable, usando dos marchas. dolido primero, (es normal, según creo), pensé que ojalá el ladrón se hubiese pegado un buen golpe al intentar frenar por primera vez. hacía ya tiempo que yo sólo frenaba con la mano izquierda, la que rige la rueda delantera, porque, caso de tocar el freno derecho, el de la rueda de atrás, ésta quedaba aprisionada, inamovible, es decir, el freno hacía su labor, pero de forma excesiva. yo sabía que no debía frenar así, y si lo hacía, en situaciones extremas, luego debía liberar la rueda de las zapatas con las manos incluso. si quien la robó frenó con las dos manos a una cierta velocidad, casi seguro que cayó, como un castigo por su acción, y entonces si que maldeciría la imperfección de su trofeo, y lo abandonaría destrozado.
pero, por otra parte, me ha liberado. es cierto que me ha quitado mucho, me ha quitado estar pronto en los sitios y de manera cómoda y ágil. me ha quitado seguridad, pues me hizo sentir desprotegido, vulnerable a cualquier acción hiriente y fuera de la ley. pero me ha dado tranquilidad, porque me ha quitado el riesgo a morir bajo un coche, se ha llevado el miedo de los míos a creer que no llegaré a casa en un día de lluvia, el giro del autobús imprudente, el semáforo en rojo, el conductor que no sabe que las bicicletas también son un vehículo que tiene derecho a circular por la calzada. no lo sé. quizá estoy molesto por el robo y, como el tiempo no es proclive, quiero descansar de ese pedaleo. ¿volveré a él? no lo sé. de momento no, pero quizá me vaya tentando, tentando, y conforme el clima vaya mejorando, yo olvide esta lección de candados rotos y ruedas robadas a la fuga.

no estoy enfadado. no estoy triste. no estoy agobiado. (quizá agobiado sí, pero sólo un poco). no te inquietes, no voy a dedicar nada de mi tiempo a preocuparme. estoy tranquilo. además, hoy me has hecho un regalo muy bueno, que no ha sido el azúcar del rincón, sino el de tus besos, estar contigo cuando pensaba que hoy no tendríamos ni siquiera un rato para nosotros. no te digo esto en un mail porque aquí no sé cuándo lo leerás. sé que te gusta recibirlos, pero no es lo mismo escribirte en un mail, te quiero, sabiendo que en cuanto abras gmail lo vas a ver, y te saldrá esa sonrisilla picara que tú y yo sabemos, sin embargo aquí, en un blog perdido, sí que no sé cuándo lo leerás. y no sólo te digo que te quiero, que ya lo sabes, sino que viviremos en un abrazo largo, y que nos daremos todos los besos que nos faltan, que ya sé que los que llevamos hasta ahora son pocos todavía. ¿ya te sientes mejor al verme animado? tampoco voy a dedicar más tiempo a escribir esto, que tengo otras obligaciones. así que el segundo post no lo habías leído, e? mejor. era peor aún (si se puede) que el de cálculo numérico, y sí que hablaba de las piedras del camino y otras tonterías. pero también hablaba de mi hada particular, la de la foto, la que me mira a los ojos (con esos ojazos suyos) y sabe todo de mi y yo de ella, la que me coge de la mano en su parque y en el mío y en todas partes, la romáaaantica y la activa, y que sepas que estoy deseando verte con el pichi y las botas, cuando llegue el momento. por cierto, ¿sabes de dónde es esta foto? [pero no lo escribas en un comentario que nos llamarán frikis, amor mío, jajaja]
tiempo

sólo pidamos tiempo, que lo demás no nos faltará. mucha gente (mucha) hace balance en año nuevo, con los propósitos para el nuevo año, pero quizá sea más adecuado hacer el balance ahora, ante esta pausa que se abre en nuestras vidas, que nos deja un poco liberados, o más tranquilos. al principio, antes de saber sobre qué escribiría hoy (quizá antes de saber que hoy escribiría), pensé en exponer mi pequeña felicidad a vosotros, siempre con intención de compartirla y no de deleitarme en ella, (pues con ese bajo objetivo el premio merecido sería perder), y que la imagen quizá fuese una sonrisa, o un sol brillando, que no sabe aún que se apagará, o una playa de arena blanca. y nombrar algunos puntos clave para ese estado tan plácido, explicable e inexplicable. pero, si yo sé que soy feliz, y los míos lo saben, era una pérdida de tiempo así expresarlo. así que será mejor, no plasmar el balance, sino dar una pincelada de su necesidad. es buena esta felicidad. podría ser mejor, es cierto, podría ser más grande, cubrir más aspectos de mi vida. pero desear eso pudiera desdibujar lo que ya existe, nos conformaremos. así, sólo necesitamos tiempo para esta felicidad, sólo queremos que se prolongue, como el levantar de la cama en un día de invierno, o el sorbo más fresco del granizado, o el último abrazo del día. sólo pidamos tiempo. que eso no significará monotonía, pues siempre habrá novedades, la vida seguirá su curso, imparable. pero siempre dentro de esta felicidad. y digo siempre, no digo todo lo que se pueda. sólo pidamos tiempo, que lo demás no nos faltará.
lluvia

lluvia es nariz fría, dedos ateridos y pies húmedos, pero a la vez es ambiente limpio y fresco. lluvia es atascos y más atascos, pero también hay atascos en una tarde seca, a las ocho de regreso a casa. lluvia en parte es romanticismo y evocación, tu mano en la mía sujetaba el paraguas, abrazo para evitar mojarse o era un truco para acercarse más y más. gotas y ráfagas, también es luchar contra un viento fuerte que dobla las varillas. y la lluvia sin paraguas. ésa es aventura, sentir que en las ciudades también entra la naturaleza, que no llegaron al grado último de aislamiento. gotas en mis mejillas, ropa empapada. lamentablemente, lluvia también es la caída de un anciano, meter el pie en el charco, y el autobús que te salpica. lluvia molesta, pues todo se llena: no puedes subir al autobús(el de antes, el que te salpica), las tiendas se colapsan, los peatones bajo los aleros. lluvia no nos deja pasear las tardes por los parques (por el tuyo o por el mío). pero lluvia es buena, pues lluvia es agua y agua no puede faltar. así, que siga la lluvia.
nacer

nacer, como universos, en una explosión que nos lleve (poco a poco o de repente) hasta el infinito. nacer y renacer, una y otra vez, como caerse y levantarse, como dormir y despertar, como equivocarse y aprender, o sufrir, pero luego curarse las heridas. nacer hoy (hoy nazco, pero también vosotros conmigo), nacer hoy y todos los días, por qué no puedo decir que nací ayer, o el dieciocho de abril, o el quince de febrero, o que naceré mañana, en el atardecer o en la luz primera. nacer como todo ser vivo, como hojas verdes abriéndose, ansiosas de sol, como una cría animal, temblorosa, cálida, junto a su madre. nacer, como nacen ideas y libros, proyectos que puedan convertirse en negativos, pero hoy sólo pensaremos en las buenas iniciativas. quizá las personas no seamos más que eso, iniciativas, planes por desarrollar, y tomemos las riendas de nuestra vida dirigiéndola hacia donde queramos, ya sea hacia lo adecuado o hacia donde no debimos. nacer y no nacer sólo, nacer en un conjunto adecuado de personas, y nacer hacia ellas, conociéndolas y dejando que nos conozcan. nacer hoy, dos de mayo, aunque sea un día como cualquier otro, y los dos sepamos que no es lo más importante, que para tí nací mucho antes, al margen del tiempo y sus tonterías.
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(hoy dejo este espacio en blanco para que lo rellenéis vosotros, ya sea con palabras o con pensamientos, sueños o sensaciones, deseos, pesadillas o miedos, placeres, errores o nuevos conocimientos, amores intensos, odios suaves e inofensivos, ánimos de ofender o de agradar, caricias. ¿por qué? porque no en todo momento vamos a estar compartiendo todo, porque a veces se dice más no diciendo nada. pero que conste que este espacio blanco nace de la felicidad, no de la decadencia de la alegría que confieso que en algún otro momento me visitó. por eso, por estar hoy especialmente feliz, no quiero saturaros diciéndooslo, sino que vosotros recibáis lo que queréis, lo cual para cada uno será una cosa, la que quiera leer en estas palabras no escritas, no en éstas, sino en las realmente no escritas, en las del espacio en blanco)
día de la tierra

¿hoy es el día de la tierra (o la Tierra) [aunque me atrae más el concepto de Gaia]?
será, o si no google no se pondría esa cabecera. pues entonces me viene genial para incluír una frase que quería compartir hace tiempo. la encontraréis, por ejemplo, en el jinete nocturno, un bar que me ha visto (sí, el bar me ha visto, ¿acaso sólo vemos las personas?) algunas veces. feliz (las menos) e infeliz (las más).
la frase la dijo un indio, el jefe seattle, (el estado se llamará así por él [o por su tribu] (?)):
"¿qué puede ser el hombre sin los animales? si los animales desapareciesen, el hombre moriría en una gran soledad."
ACTUALIZACIÓN:
[unas horas después de "publicar" este último post o artículo, o como se llame, me dice un alma gemela (o quizá encontrar entre el resto de la gente un alma (¿por qué "alma"?¿por qué no otra palabra?) gemela sea algo tan difícil, y que tan pocos logran, que debiera decir El alma gemela a la mía, o Mi alma gemela...) total, me dice:
¿Sabes de donde viene esa frase? De una "carta que envió en 1855 el jefe indio Seattle de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce en respuesta a la oferta de compra de las tierras de los Suwamish en el noroeste de los Estados Unidos".
y que dicha carta se puede leer en muchos sitios, por ejemplo, aquí.
os recomiendo mucho su lectura, o su lectura meditada, y sobre todo hoy. aunque... TODOS los días deberían ser "el día de la Tierra". saludos ecológicos. [¿por qué hoy ya no quedan "jefes seattle"?]

hoy ha venido el mal, en un abrazo cálido, como de madre amorosa, pero su intención era mala (claro, es el mal). sentía su respiración lenta en mi piel, mientras me dejaba abrazar. ¿cómo lo he notado? he sentido, no un odio flojito e inofensivo, más bien una envidia oscura, envidia hacia la felicidad de los demás. ¿cuándo? esta mañana, cuando él (el otro) la abrazaba junto a una mesa, a unos metros, y entonces el mal me abrazaba a mí, como en un movimiento paralelo, ellos disfrutaban y yo me consumía. exagero, pero hay algo de cierto, pues cierto era su abrazo y mi envidia. dejando a parte redundar en reflexiones que llamen de nuevo al mal, ahora que hace rato que se ha ido, sacaba de todo esto, del abrazo de esa pareja, una conclusión: cuántas veces, sin darnos cuenta, nuestra felicidad (en los ratos [aunque sean pocos] que la tengamos) creará la envidia (flojita, inofensiva) de los otros. lo siento. siento haber sido, en algún momento, inconscientemente, feliz, ante alguien que no lo era.
hoy

no quiero ver [aunque debiera, todo lo que tengan que mostrarme, todo de lo que tenga que aprender.]
no quiero oír [aunque debiera, todo lo que no me gusta oír, y lo que sí me gusta.]
no quiero hablar [no decir nada, aunque debiera hablar de todo.]
(como ellos.)
ya no miramos al cielo

ya no miramos al cielo, ¿te has dado cuenta?. vamos por la vida pensando en nuestras cosas y en nuestros problemas, miramos al coche de delante, a veces a las caras de la gente o incluso a nuestros zapatos, a la acera, a unos metros de margen delante de nuestro caminar. y siempre pensando, pensando tanto. me di cuenta el lunes, volvía a casa a la hora de comer, en un semáforo redescubrí el cielo, de un azul intenso, no como el de esta foto inerte, y como hacía un poco de aire, había en él unas nubes blancas que se movían hacia adelante, y pedían que bajo ellas hubiera un césped donde tumbarse a detener el tiempo. pero el semáforo se puso verde y tuve que seguir, y otra vez olvidé el cielo, como todos hacemos.
el martes el día salió malo, hubo chaparrones breves, de nubes grises pasajeras, y entonces la gente sí miró al cielo, pero sólo para tratar de deducir si la lluvia duraría todo el día, sólo por una causa. el lunes yo había mirado el cielo sin motivo, sin dudas climáticas. ¿no te parece que es como una metáfora?, olvidamos hasta lo más primario que nos rodea, sólo recurrimos a ello cuando necesitamos extraer una conclusión o un beneficio para nuestro uso. pasamos por encima de las cosas sin ver que, de todas ellas, podemos encontrar algo en lo que profundizar hasta asustarnos y mover nuestro ánimo, como ese cielo tan azul del lunes, que me hizo sentir menos cansado, notar el sol de otros veranos que se fueron y de los que están por llegar, y en el fondo del cielo, más arriba, acababa en azul ese universo que se olvidará de nosotros si nosotros nos olvidamos de él.
signos

signisferius escribe en el oráculo del mago algo que no es un horóscopo, o al menos por tal no lo considero. introduce cada signo con una cita, que en este caso es de borges para todos, (quién lo iba a saber cuando fue citado el disco). el caso es que me dice:
["el sábado, la impaciencia la despertó." (j. l. borges, emma zunz)]
aprovecha los fines de semana para armarte de paciencia y dormir lo suficiente como para recuperar las ganas de seguir esperando.
los horóscopos son una pamplina, una nadería, pero a veces me tienta interpretarlos a posteriori, adaptarlos a nuestro diario suceder, a nuestras sorpresas o la ausencia de tales. así, se da el caso de que sí, estoy esperando en este momento, paciente e impaciente, sin saber si debo estar atento a la llegada de un instante crucial, o soy tan libre para decidir cuál es el instante, y sean cruciales todos, aproximarme y decirle todo lo que le diría, o incluso lo que no le diría, y equivocarme o acertar, eso es lo malo, que uno no lo sabe hasta que lo hace, y descubrir que es cierto lo sospechable, que no tengo nada que hacer, que viví en una ilusión que se iba haciendo cada vez mayor, se deformaba en cada reflejo, o la esperanza no se pierda nunca, ni en último lugar ni en ninguno. es difícil esa aproximación. tantas cosas nos separan que las que nos unen se hacen débiles, y alimentan al miedo al fracaso, siempre activo. no hay paciencia ya, ni posibilidad de dormir, y pasará otro fin de semana, y otra semana, y las cosas seguirán igual, sin haber introducido ningún cambio, o quizá una voluntad enfermiza se apodere de mí cuando no la controle, y todos salgamos de dudas.
conjuntos no vacíos
doy por acabada otra reunión de palabras comunes, y para que no sigan desperdigadas, escribiré el enlace que nos lleve a ella como un todo.es sentidos, quizá alegorías tan personales que no puedan ser no ya entendidas, sino disfrutadas por vosotros, pido perdón, olvido si escribo para mí o para los demás.
también acabé satisfecho cuando fueron agrupados los sabores, estos más ligeros, de fácil digestión.
por no dejarlos fuera, y evitando así que se rebelen (y revelen) contra mí dejándome sin ellos, agrupemos también los colores, aunque sean éstos un poco más extensos, en su afán descriptivo, densos y fatigosos.
con la voluntad de siempre, quizá a, quien, casualmente, en algún momento, en algún lugar, los lea, puedan agradarle.
e.p.e.d.m.v.
[en memoria de quién dió tan sólo, que ya es mucho, la primera frase]extraño pasatiempo el de mi vida, emprender proyectos e ilusiones aún sin fuerza para culminarlos, fantaser alimentando sueños, alcanzar éxitos parciales, dejar vagar el ánimo, cantos tribales y añoranzas, hadas sonámbulas.
extraño pasatiempo el de mi vida, persistentes recuerdos de lejana felicidad efímera, tactos turbadores, en ocasiones amar sin ser amado, historias generan historias, viendo ser otro que no soy, entre muchos.
extraño pasatiempo el de mi vida, minotauro en el laberinto del exisitir, insistente seguidor de hilos de otras tantas ariadnas, o quizá eran penélopes que se cansaron de esperar, siempre las defraudé desde esta costa árida, que no tiene nombre, y algunos le dijeron timidez.
noviembre

cuando empieza noviembre, la gente recuerda a los muertos. quizá el resto del año no lo hagan, y vivan ajenos, en un trajín del día a día, al límite del límite, en tan sobradamente conocido hacer, ocupación que no nos deja recordar. pero quizá los muertos sean egoístas al querer ser recordados, y el tiempo que se nos destina sea para usarlo en vida, para amar a los otros, para crear y ser creado, para vivirlo intensamente, pensando en todo y nada, pero no esperando el recuerdo o la compasión de la oscuridad última. en noviembre por fín caerán las hojas de los árboles, si el cambio las deja, y reabrirán amplias avenidas tanto tiempo cerradas. en noviembre este blog que agoniza quizá muera, como persona ficticia, y no llegue a las 1800 visitas, mutable pase de las canciones y la poesía esporádica al constante transitar de artículos ajenos y opiniones tan mal expresadas. en noviembre, mes frío, traerá calor otra persona. en noviembre me centraré, y no volveré a dejar pasar el tiempo inútilmente. o eso digo todos los meses.
