
hoy ha venido el mal, en un abrazo cálido, como de madre amorosa, pero su intención era mala (claro, es el mal). sentía su respiración lenta en mi piel, mientras me dejaba abrazar. ¿cómo lo he notado? he sentido, no un odio flojito e inofensivo, más bien una envidia oscura, envidia hacia la felicidad de los demás. ¿cuándo? esta mañana, cuando él (el otro) la abrazaba junto a una mesa, a unos metros, y entonces el mal me abrazaba a mí, como en un movimiento paralelo, ellos disfrutaban y yo me consumía. exagero, pero hay algo de cierto, pues cierto era su abrazo y mi envidia. dejando a parte redundar en reflexiones que llamen de nuevo al mal, ahora que hace rato que se ha ido, sacaba de todo esto, del abrazo de esa pareja, una conclusión: cuántas veces, sin darnos cuenta, nuestra felicidad (en los ratos [aunque sean pocos] que la tengamos) creará la envidia (flojita, inofensiva) de los otros. lo siento. siento haber sido, en algún momento, inconscientemente, feliz, ante alguien que no lo era.
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Autor: martes
Fecha: 11/04/2008 13:00.
Autor: malaletra
Fecha: 11/04/2008 14:22.

