los bufones nunca mueren

[lo escribió juan carlos avilés en el diario gratuito 20 minutos, el (creo) jueves 13 de marzo de 2008]
En las intrigas palaciegas o en las conspiraciones más abyectas, los bufones siempre han sobrevivido. Se mata al mensajero, pero nunca al bufón, salvo que deje de hacer gracia o se pase a la política, que viene a ser lo mismo. Desde el francés Triboulet (luego convertido en el Rigoletto de Verdi) hasta el Calabacillas de Velázquez, siempre los ha habido y siempre los habrá: en la literatura, en la música, en el arte, en la tele, en Internet... El bufón nunca se extingue, por mucho que cambien su aspecto y significado. Y, en cierto modo, han llegado a convertirse en los héroes del desaliento, de la impotencia, del descreimiento, pero mansamente reciclados en resignación y conformismo. Y cuando el humor, la farsa y la excentricidad dejan de ser un revulsivo para transformarse en un fin (incluso comercial) en sí mismos, y hasta en todo un estilo social, el asunto se vuelve seriamente inquietante. Los bufones no mueren. Tal vez los que empecemos a oler seamos nosotros.
