ya no miramos al cielo

ya no miramos al cielo, ¿te has dado cuenta?. vamos por la vida pensando en nuestras cosas y en nuestros problemas, miramos al coche de delante, a veces a las caras de la gente o incluso a nuestros zapatos, a la acera, a unos metros de margen delante de nuestro caminar. y siempre pensando, pensando tanto. me di cuenta el lunes, volvía a casa a la hora de comer, en un semáforo redescubrí el cielo, de un azul intenso, no como el de esta foto inerte, y como hacía un poco de aire, había en él unas nubes blancas que se movían hacia adelante, y pedían que bajo ellas hubiera un césped donde tumbarse a detener el tiempo. pero el semáforo se puso verde y tuve que seguir, y otra vez olvidé el cielo, como todos hacemos.
el martes el día salió malo, hubo chaparrones breves, de nubes grises pasajeras, y entonces la gente sí miró al cielo, pero sólo para tratar de deducir si la lluvia duraría todo el día, sólo por una causa. el lunes yo había mirado el cielo sin motivo, sin dudas climáticas. ¿no te parece que es como una metáfora?, olvidamos hasta lo más primario que nos rodea, sólo recurrimos a ello cuando necesitamos extraer una conclusión o un beneficio para nuestro uso. pasamos por encima de las cosas sin ver que, de todas ellas, podemos encontrar algo en lo que profundizar hasta asustarnos y mover nuestro ánimo, como ese cielo tan azul del lunes, que me hizo sentir menos cansado, notar el sol de otros veranos que se fueron y de los que están por llegar, y en el fondo del cielo, más arriba, acababa en azul ese universo que se olvidará de nosotros si nosotros nos olvidamos de él.
