colores (siete)
cuántas imágenes en días agotadores reprimidas, vienen en ráfagas, en el alivio del último suspiro. colores que se quedaron en la paleta pero no por ello se secarán tristes, el gris del desánimo y el infantil rosa de la vida alegre y sin problemas, vida que quedó atrás, la gama delocre y las tierras, tan típicas de estos rincones poco verdes, marrones de suelo y hierba seca, y anaranjadas arenas, pues decir naranjas nos recuerde el cítrico refrescante, lo prefiero ácido y no dulce, pero ese tono es agresivo, más agradable es el del melocotón, tan variado. así como por haber nombrado al rojo no por ello tengamos todos
los rojos, bermellón era la tela que tapaba su pelo, misteriosa, más oscura era la gota de mi sangre que ví caer, hace tanto tiempo, ni los azules, que del más delicado, del cielo sobre el mar, de tu lágrima, del azul patinir, pasasen al cerrado de un mar que se quejaba, violento.
otros también fueron nombrados, amarillo, supersticiosamente teatralizado, sol y luz. verde, también no resumible, en su gama infinita de la más tierna brizna de hierba, el primer brote en primavera, al verde agresivo, ya sea irlanda o selva densa, que huele a vida y humedad, marea, y en mil vueltas
revuelve la cabeza de quien lo observa. así, estos cuatro eran básicos. ¿por qué el blanco y el negro? ¿acaso son/no-son colores? tanto dice el blanco como el negro, o viceversa, no quiera leerse una hegemonía de alguno sobre el otro, negras son las letras y blanco su fondo, o acaso
era al revés, no recuerdo. ¿y todas sus mezclas infinitas? primarios luz y pigmento, secundarios o incluso terciarios, fríos y cálidos, neutros también, como personas en una sociedad multiforme, a veces somos fríos, a veces
somos cálidos y regresamos, gama habitual, para no errar el color que se nos dió, mutamos sólo puntualmente, cuando salimos de nosotros, y en un viaje no definible somos todo simultáneamente, y ya no hay variedad, y enloquecemos justo un instante, antes de volver a nuestro sitio, tan neutro, tan nuestro.
