colores (cinco)
bondad efímera vuelve al existir común, alegría en placebo, cíclica, reloj anual marca las doce, en fin, hablemos del color que no lo es, o que acaso es todos, universo delimpias sábanas, camisa nueva y suavizante, de frescor y pasta de dientes, de folios vírgenes, expectantes del trazo que les robará su pureza. cáscara de huevo, del que nació la última paloma de la paz, pluma temblorosa toda, languidecía su ramo de olivo. de sal y
azúcar, tan básicos, tan necesarios. ojos bajo la ceguera de saramago, terrible. luz que atraviesa un prisma transparente y se rompe, y maravilla a todos, como estrella enana, que no bombilla halógena, ilumina otra
navidad, otra, no ésta, la del plástico de las tarjetas, otra, sin nieve artificial, sin mentiras. color de la inocencia, de la mente sin recuerdos, de la voz más clara y diáfana y del ruido
confuso, ansia del lactante, líquida y nutriente, que no el ruido. hospitales asépticos y atenciones de enfermeras en zuecos, algodones, médicos con sus batas, como batas de profesores, tizas, trazando la fórmula que no quiere ser deducida. arena de esa playa soñada, donde nuestra piel se une y no se quema, y sigue de este tono pálido, delicada tú. y muy lejos, polar el
oso triste atento verá cómo se derrite su iceberg favorito, lágrimas saladas que no se congelarán, quizá las mías sí lo hagan en este frío intenso, delicioso a ratos, bajo un cielo que se expande en una única nube, tan, tan blanco, que lo dice todo para quien quiera pararse a escuchar.
