¿sabes? contra todo pronóstico, el otro día tuve que volver a casa andando, pues la bicicleta había tenido otro de sus desajustes esporádicos, y aún estaba por reparar, a la espera, aburrida dentro de un garaje. digo contra todo pronóstico pues ya pasó a ser parte de mí, raro es el trayecto que no hago pedaleando. al llegar a la plaza roma, en lugar de seguir por la calle santander y luego bajar por anselmo clavé, junto a las vías, ahora enterradas, dejar correos a mano izquierda, cruzar la entrada de la autopista y bajar lo que queda de paseo maría agustín hasta la plaza europa, preferí variar el rumbo a otras sendas que hubiera transitado menos, perdiendo quizá cinco o diez minutos, pero ganando en el cambio nuevas impresiones, tiempo para la reflexión, dicen. giré pues en la plaza roma a la izquierda, andando salí a parar a las obras de la plaza de la ciudadanía, que tan poco tiempo duró intacta, y sirvieron esas fracturas en el asfalto, la tierra removida, para recordarme las incompletitudes no ya del alma, palabra usada a deshora o sin voluntad de uso, sino del ánimo, desniveles del proceder, errores, obras en uno mismo. he de decir que iba escuchando canciones varias del mp3, y quizá coincidieran tres o cuatro más pastelonas-barra-melancólicas, que se confabularan para remover mi más profunda intimidad. crucé esa plaza hasta la aljafería, y ya puestos a perder minutos (o invertirlos), no puede evitar pasar junto al foso de ese castillo, que por la hora ya estaba iluminado, y pensar, pensar, dejar vagar los temas en una paz interna tal, temblaba no sé ya si el ánimo o la voz que no emitía, en cada espiración con voluntad de suspiro. así que z. no es la única que tiene removidas las entrañas. pero al día siguiente, a las siete de la mañana, todo era aparentemente igual.
