colores (cuatro)

arden tantos fuegos simultáneos en tantas cerillas, pero por suerte no aquí, y campos de cereal maduro simulan que son un mar lejano y espiga contra espiga hacen olas en silencio, a unos metros de allí
mirándolo atentos giran al compás que marca un astro rey muchos girasoles, y otras flores, margaritas de pupila única y atenta, pétalos que esperan un me-quiere-no-me-quiere, pólenes que liban multitud de
abejas hacendosas. y lo hacen en un lenguaje ancestral, milenario, igual en el parterre de la gran ciudad que en las orillas de un gran
río de oriente, huang he o hwang ho, demuestre la duda lo poco que sabemos de raza que se baña en sus aguas, más saben ellos de nosotros, llamados blancos sin serlo, como ellos son llamados, sin serlo, de otro tono,
ira dicen que es motivo de éste, como envidia es de otro que ya fue, pero eso es lirismo, ciencia es ictericia y males hepáticos, y una cierta fiebre. salvémonos con
la sopa calentita de fideos en invierno, la yema del huevo aburrido en la sartén, que si hubiera nacido habría sido pollito de sedoso plumaje del mismo tono que el aceite untuoso, que las crujientes patatas, que los
limones de refrescante jugo, de corteza brillante y corazón resentido, no como el dulce plátano, sin lectura freudiana, inocente del caos que causa el oro y el dinero,
o en lugar de este color prefieras que jueguen las palabras, amar y tú, que dichas por tí serán, al menos casi fonéticamente, su nombre.
