capirotes y aguas turbulentas

uno. en unos días de agua en incansable fluir, de lluvias y descansos, de crecidas, de una masa líquida marrón, lejana del agua cristalina que dicen que existe, de un pasar puente tras puente, invadiendo arcos de piedra o de metal, más modernos éstos, ojos casi cubiertos tragan incesantes en la oscuridad de la noche, otros ojos no verán pasar el agua hacia ellos, que sí salir, la aportarán a esta efusión líquida, por alegrías o pesares, pero no hablaremos de eso. hablaremos de cómo
dos. braman todas las membranas al mismo tiempo, tensas hace poco, bombos y cajas, clamor que vibra en una percusión ensayada desde hace meses, en una sincronía imperfecta, de componente humana. suenan las melodías en unas procesiones tras otras, y el río es ahora de gente. late un espíritu extraño, que se dice devoto y no lo es, que oculta su indiferencia o su maldad tras otra máscara, como hizo en las navidades, ya pasadas, ahora es tras un trozo de tela, azul, roja, verde, negra, no le faltarán colores. y muchos dirán que fueron mejores en esta fecha porque participaron, aunque no sintieran nada, y sólo disfrazaron su cuerpo y su falta de misticismo. y muchos no dirán nada y no harán nada, y en sus casas no sabrán ni querrán saber de crecidas, de ríos ni de procesiones, y quizá realmente tengan ese recogimiento que desapareció, que ya no existe. así como fuera
tres. rezarán labios oraciones que no se oyen, sólo se intuyen o se leen en bocas de ancianas, imperceptibles, cera, incienso, silencio de una iglesia. siete o cuatro días que no fueron santos, si acaso les dejaron ser algo, si siguieron sacros, o los volvieron profanos. los profanaron, como a una tumba indefensa. y mejor será dormir en el regazo del
cuatro. olvido. días de festividad pero de intensa labor. risas y pérdidas. con la vista en otras fechas más soleadas, con cauces que puedan cruzarse andando, aunque esa imagen nunca sea mostrada a los que viven lejos de este río, que sentimos nuestro pero no lo es, ni lo será nunca.

