justo antes de dormir

uno. justo antes de dormir, en estos días de verano, siempre hay un balcón, o una terraza, o al menos una simple ventana a la que asomarse, y todo es quietud de ciudad dormida.
dos. las farolas alumbran una calle en la que no hay nadie si ya es tarde, cuando el motor del coche que pasa se oye con todo detalle, incluso desde los pisos altos, a cámara lenta, desde antes de verlo hasta que ya desapareció.
tres. y quizá la noche está templada, y las mariposas orbitan la luz, una y otra vez, con destellos en sus leves alas, o la noche se vuelve ligeramente fría, sopla un viento inevitable e impasible, que estremece la piel desnuda de quien observa la calle.
cuatro. entonces las persianas metálicas de las tiendas cerradas se agitan en su limitado recorrido de adelante y atrás, y hablan entre sí, a golpes, en un lenguaje desconocido y tortuoso, anhelando unas sábanas tibias que nunca les esperarán, envidiando al observador que las escucha, descifrando sus meditaciones.
