
aquí hablan sobre la idea de que se te rompa un disco duro externo, una memoria artificial en la que guardas una parte importante de tu vida: fotos, música, documentos, películas...
mi disco duro externo cayó al suelo ayer, a las seis de la tarde. no podré recuperar los datos que en él había, no tenía otra copia. he perdido mucha información. muchísima. pero ahora mismo no me importa. tengo cosas mucho más importantes que todos los datos que he perdido.
la tierra sigue girando.
caeremos de nuevo en los tópicos, o quizá no

por qué dicen que ahora empieza un nuevo año. por qué el uno de enero, por qué no en otra fecha, más destacada, menos arbitraria. imagina que para nosotros el año empezó en esa fecha, ésa que tú y yo sabemos, unos meses atrás. para cada persona el año empezaría en un momento distinto del calendario, y no habría uvas, ni cotillones, y caso de haberlos serían pequeñitos, particulares, sin codazos ni incomodidad. no os digo feliz año, porque no sé cuándo empieza el vuestro.
¿repetimos?
leaving b.

adiós, b. , adiós. adiós a tu cielo gris, de ése gris y de tantos grises, oscuros y claros, feos y, a veces, bonitos. adiós a tu lluvia permanente y perpetua. (¿por qué hoy sale el sol, b. ? ¿te ríes de nosotros? o quizá sólo te despides, y para tí es como darnos un abrazo). a tus chaparrones a traición, a tus charcos escondidos tras cada baldosa, a tus gotas infinitas, a tu humedad. adiós a tu incomunicación, a tus conflictos (aunque no los volcaste sobre nosotros, es cierto). adiós a lo que me gusta de tí, a tus parques, a la educación de la mayoría de tu gente, a tu eficiencia. pero adiós a tú joder me he olvidado el paraguas, a tus miles de autobuses, a tus cuestas, a tus avenidas anchas, a tu monotonía, a tus ambulancias omnipresentes, a tu universidad distante e incómoda, como un puerto industrial en medio de la nada, pero atractiva por su tamaño. adiós. agur dirías tú, ¿no?. ¿no te da pena vernos marchar? a mi no me da pena, pero luego lo pienso un poco y en el fondo sí, una pena pequeñita, de esa que nos hace mover la cabeza y decir, pobrecillo. te dejo aquí, te dejamos, un trocito de nuestra vida. quizá poco importante. quizá no lo notes, b., eres tan grande... pero seguro que en algo te hemos cambiado, y tú nos has cambiado a nosotros. adiós, b. , adiós.
zazpi

desde una tierra extraña, o extranjera
incluso, desde esta orilla, tres dos seis hasta ti, la
espera nos atrapa. folios llenos de
caligrafías difíciles, ya sabes, fórmulas
imposibles, grupos, integrales, una
opción que elegí por placer, por
capricho, por vocación. ¿cómo
haces para quererme tanto? (no
olvides que yo también lo hago.)
dulce, tan dulce. de chocolate
eres palmera en tarde de merienda.
al abrir el paraguas, te siento de mi
brazo, como aquellos días en que éramos amigos,
recuerdas, cuando nos daba miedo tocarnos
imperceptiblemente. y gris día tras día una
lluvia que no cesa, que moja y desordena.
desordena el ánimo, no el recuerdo, de
ese mirar tuyo, tan amable, de esa
delicadeza tuya, tan bonita, todo mi
oniritzi. qué palabras usan por aquí,
sabes, una babel de grúas y chimeneas.
mira en mi bihotz y te verás a tí, tan
inmediata, tan irreemplazable,
libre de todo mal, te quiero, en
otro día que pasa perezoso,
contando una a una las
horas que faltan para verte, en
otro día en esta tierra extraña, extraña porque tú no estás en ella
.
réquiem

hace quince o dieciséis días robaron una bicicleta. no tenía ninguna particularidad, era vieja, era como cualquier otra que ves atada en una farola o una verja. simplemente alguien pasó, miró a un lado y a otro, la robó rápido, se fue, sin mirar atrás. era la mía. cuando la fui a coger de donde la había dejado, sólo encontré la cadena que la sujetaba, rota, tendida en el suelo. habían reventado el cerrojo. no me llevé la cadena a casa, me pareció que sería como reconocer más aún esa sensación, no de pérdida, sino de violación de mi derecho a la propiedad, esa agresión directa. quién la robaría. pudo ser cualquiera. además, lo que me duele es que, tras el robo, tras el momento inicial de victoria que sentiría el ladrón, comenzaría a ver los defectos de la bicicleta, la grieta en el sillín, el apaño del pedal con un alambre, la inutilidad de tantas marchas, si ya sólo funcionaban tres o cuatro. tras darse cuenta de todo esto, la bicicleta sería abandonada en alguna esquina, o golpeada, o desarmada para siempre. pero a mi me habría seguido haciendo papel, si no la hubieran robado. habría seguido yendo en ella, acariciando su sillín roto, pedaleando incansable, usando dos marchas. dolido primero, (es normal, según creo), pensé que ojalá el ladrón se hubiese pegado un buen golpe al intentar frenar por primera vez. hacía ya tiempo que yo sólo frenaba con la mano izquierda, la que rige la rueda delantera, porque, caso de tocar el freno derecho, el de la rueda de atrás, ésta quedaba aprisionada, inamovible, es decir, el freno hacía su labor, pero de forma excesiva. yo sabía que no debía frenar así, y si lo hacía, en situaciones extremas, luego debía liberar la rueda de las zapatas con las manos incluso. si quien la robó frenó con las dos manos a una cierta velocidad, casi seguro que cayó, como un castigo por su acción, y entonces si que maldeciría la imperfección de su trofeo, y lo abandonaría destrozado.
pero, por otra parte, me ha liberado. es cierto que me ha quitado mucho, me ha quitado estar pronto en los sitios y de manera cómoda y ágil. me ha quitado seguridad, pues me hizo sentir desprotegido, vulnerable a cualquier acción hiriente y fuera de la ley. pero me ha dado tranquilidad, porque me ha quitado el riesgo a morir bajo un coche, se ha llevado el miedo de los míos a creer que no llegaré a casa en un día de lluvia, el giro del autobús imprudente, el semáforo en rojo, el conductor que no sabe que las bicicletas también son un vehículo que tiene derecho a circular por la calzada. no lo sé. quizá estoy molesto por el robo y, como el tiempo no es proclive, quiero descansar de ese pedaleo. ¿volveré a él? no lo sé. de momento no, pero quizá me vaya tentando, tentando, y conforme el clima vaya mejorando, yo olvide esta lección de candados rotos y ruedas robadas a la fuga.

hola, amor mío. parece que ahora en este blog solo escribo para ti, como mails que no te mando, como para que exista la posibilidad de que los leas más tarde, sin esa inmediatez, como para dar tiempo a que vivamos entre medio, como cartas sin serlo. escribo para ti, vivo para ti. será mejor eso que no escribir para mí, como hacía antes, quizá también vivía para mí, no recuerdo. no lo recuerdo porque sólo recuerdo desde que estás conmigo, el resto quedó atrás. pero hoy sólo quería escribir palabras sin mucho sentido, sin pensar, por no perder el hábito, por no olvidarme de escribir, porque ya sabes que me olvido de casi todo. sólo veo colores. sólo veo sonidos (sí, los veo), y pájaros volar, libres, en un aleteo que hipnotiza al que lo mira. sólo huelo la hierba mojada tras la lluvia, y la tierra, esa tierra increíble. sólo siento la brisa (y miento, porque siento la brisa y tu mano en mi espalda y tus labios en los míos y tu lengua y tu respiración y tu pelo y toda tú). sólo veo paz, con los ojos cerrados, con la cabeza ladeada, sin prisas, sin atascos ni bocinas, sin políticos, sin televisores, de pie en medio de la hierba, sin asfalto ni golpes, descalzo, descalzos, te siento tan cerca, tan cerca. sólo huelo el monte (y miento, porque huelo tu perfume, pero no la esencia, sino la esencia combinada contigo, y tu piel en tu ropa, y tu pelo, y tu cara huelo, ya me conoces, te olfateo con mi nariz traviesa como con el hociquillo de un animal herido del que te ganaste la confianza). felices. con tiempo para nosotros. juntos. y el resto no importa mucho.

no estoy enfadado. no estoy triste. no estoy agobiado. (quizá agobiado sí, pero sólo un poco). no te inquietes, no voy a dedicar nada de mi tiempo a preocuparme. estoy tranquilo. además, hoy me has hecho un regalo muy bueno, que no ha sido el azúcar del rincón, sino el de tus besos, estar contigo cuando pensaba que hoy no tendríamos ni siquiera un rato para nosotros. no te digo esto en un mail porque aquí no sé cuándo lo leerás. sé que te gusta recibirlos, pero no es lo mismo escribirte en un mail, te quiero, sabiendo que en cuanto abras gmail lo vas a ver, y te saldrá esa sonrisilla picara que tú y yo sabemos, sin embargo aquí, en un blog perdido, sí que no sé cuándo lo leerás. y no sólo te digo que te quiero, que ya lo sabes, sino que viviremos en un abrazo largo, y que nos daremos todos los besos que nos faltan, que ya sé que los que llevamos hasta ahora son pocos todavía. ¿ya te sientes mejor al verme animado? tampoco voy a dedicar más tiempo a escribir esto, que tengo otras obligaciones. así que el segundo post no lo habías leído, e? mejor. era peor aún (si se puede) que el de cálculo numérico, y sí que hablaba de las piedras del camino y otras tonterías. pero también hablaba de mi hada particular, la de la foto, la que me mira a los ojos (con esos ojazos suyos) y sabe todo de mi y yo de ella, la que me coge de la mano en su parque y en el mío y en todas partes, la romáaaantica y la activa, y que sepas que estoy deseando verte con el pichi y las botas, cuando llegue el momento. por cierto, ¿sabes de dónde es esta foto? [pero no lo escribas en un comentario que nos llamarán frikis, amor mío, jajaja]
he borrado los dos últimos post que había escrito. no estaba satisfecho. quizá es el día, y hace dos semanas, o dentro de un mes, lo hubiera estado, quien sabe.
(tu comentario lo he leído, julio.)
de todas maneras, a lo mejor un blog sólo es un reflejo de la vida de quien lo escribe, y los días en que esa vida no emite luz, no puede reflejar nada.
la expo & yo

[este artículo lo escribió roberto ortega, para el heraldo de soria, el domingo 17 de agosto de 2008]
¿cómo hay que servir la ironía? en la expo lo hacen casi cruda, con sangrecilla y alguna vena que da la impresión de que aún palpita. por ejemplo, cuando con un calor histérico el visitante se arrastra de un sitio a otro (como los sufridos náufragos en el desierto de forges), por megafonía tienen a bien recomendar, en tres idiomas, que no es muy saludable exponerse demasiado al sol. el problema es que la propia organización admite que hay muy pocas zonas de sombra, con lo que el tañido irónico se remata al escuchar el siguiente mensaje por los altavoces: hay que usar una crema con la protección adecuada. de todos modos, la vuelta de tuerca de la figura retórica que nos ocupa es, sin duda, el llamado "fast pass" (pase rápido). es una entrada para algunos pabellones que te evita largas esperas en los mismos. perfecto si no fuera porque la cola la tienes que hacer ¡para conseguir el "fast pass"! irónico y paradójico por el mismo precio y al mismo tiempo.
en la expo hay mucho que ver, aunque más que algo que evite las quemaduras cutáneas, el ungüento de uso tópico debería protegernos contra la impaciencia. quizás por eso el pabellón de españa es tan armonioso. hasta dicen que a su alrededor hay una especie de microclima, refrescante y reparador, que se consigue mediante un rollo arquitectónico muy en plan feng shui, pero que sólo puede apreciarse si vas en pelotas mismamente porque, lo que es yo, no noté nada de nada.
españa presenta el espectáculo más didáctico de la feria, similar a un museo de la ciencia, si bien infinitamente más aburrido porque apenas puedes tocar nada. por supuesto, todo tiene un suave tonillo eco/apocalíptico/admonitorio/pedagógico/zen, desde la película que proyectan nada más entrar, hasta un gran bloque de hielo que se va derritiendo poco a poco como los icebergs. moraleja: nos espera un futuro en el que ¿con qué coño enfriaremos los gin tonics?
nunca está de más que nos enfrenten a la realidad del planeta. en este sentido, nepal la ha clavado. en su estand sólo hay puestos de abalorios. ven claro que el mundo es poco más que un mercadillo de baratijas. sabiduría hindú.
tiempo

sólo pidamos tiempo, que lo demás no nos faltará. mucha gente (mucha) hace balance en año nuevo, con los propósitos para el nuevo año, pero quizá sea más adecuado hacer el balance ahora, ante esta pausa que se abre en nuestras vidas, que nos deja un poco liberados, o más tranquilos. al principio, antes de saber sobre qué escribiría hoy (quizá antes de saber que hoy escribiría), pensé en exponer mi pequeña felicidad a vosotros, siempre con intención de compartirla y no de deleitarme en ella, (pues con ese bajo objetivo el premio merecido sería perder), y que la imagen quizá fuese una sonrisa, o un sol brillando, que no sabe aún que se apagará, o una playa de arena blanca. y nombrar algunos puntos clave para ese estado tan plácido, explicable e inexplicable. pero, si yo sé que soy feliz, y los míos lo saben, era una pérdida de tiempo así expresarlo. así que será mejor, no plasmar el balance, sino dar una pincelada de su necesidad. es buena esta felicidad. podría ser mejor, es cierto, podría ser más grande, cubrir más aspectos de mi vida. pero desear eso pudiera desdibujar lo que ya existe, nos conformaremos. así, sólo necesitamos tiempo para esta felicidad, sólo queremos que se prolongue, como el levantar de la cama en un día de invierno, o el sorbo más fresco del granizado, o el último abrazo del día. sólo pidamos tiempo. que eso no significará monotonía, pues siempre habrá novedades, la vida seguirá su curso, imparable. pero siempre dentro de esta felicidad. y digo siempre, no digo todo lo que se pueda. sólo pidamos tiempo, que lo demás no nos faltará.
no falta nada

uno. en breve, a unos días vista, policía, cada vez más gente, altavoces, obras inacabadas, prisas, empujones, griterío, puentes, parques, niños, bicicletas, paseos, parejas, ancianos, fotografías de tantas cámaras, vídeos, anuncios, carteles, radio, prensa y televisión. búsqueda de calma, de sitios donde retirarse, si los hay, si todavía quedan.
dos. xilófonos acuáticos, explosión de colores, de culturas, de ritmos, de lenguas. exposiciones tanto tiempo esperadas, si no es ahora no serían nunca, ya es triste, agua en tierra sin agua, cultura cuando nunca la potenciaron más que ahora.
tres. puede que te invadan sentimientos contradictorios, que te ilusiones y te agobies, que te enorgullezcas y te lamentes, que quieras ir o quieras esconderte tres meses de esa realidad, huyendo casi,
cuatro. o tengas otras cosas en que pensar, y ésta sea sólo una roca más de cartón piedra, en un decorado de tu vida, como la panadería de la esquina, el telediario diciendo que sube la gasolina, o el recibo del banco, que ahí seguirán, y no serán más importantes unas que otras.
lluvia

lluvia es nariz fría, dedos ateridos y pies húmedos, pero a la vez es ambiente limpio y fresco. lluvia es atascos y más atascos, pero también hay atascos en una tarde seca, a las ocho de regreso a casa. lluvia en parte es romanticismo y evocación, tu mano en la mía sujetaba el paraguas, abrazo para evitar mojarse o era un truco para acercarse más y más. gotas y ráfagas, también es luchar contra un viento fuerte que dobla las varillas. y la lluvia sin paraguas. ésa es aventura, sentir que en las ciudades también entra la naturaleza, que no llegaron al grado último de aislamiento. gotas en mis mejillas, ropa empapada. lamentablemente, lluvia también es la caída de un anciano, meter el pie en el charco, y el autobús que te salpica. lluvia molesta, pues todo se llena: no puedes subir al autobús(el de antes, el que te salpica), las tiendas se colapsan, los peatones bajo los aleros. lluvia no nos deja pasear las tardes por los parques (por el tuyo o por el mío). pero lluvia es buena, pues lluvia es agua y agua no puede faltar. así, que siga la lluvia.
PAUers

[este artículo lo escribió jorge dioni lópez en el diario gratuito metro, el miércoles 14 de mayo de 2008]
hace un par de días, fui a ver a un amigo que acaba de tener un hijo. vive en un barrio parecido al mío, un PAU. un PAU es un Plan de Actuación Urbana y, por extensión, es cualquiera de las zonas nuevas que le han crecido a las ciudades en estos últimos años de nacional-ladrillismo o marxismo-ladrillismo, según sea el gobierno municipal. un PAU es limpio, tranquilo y moderno o aburrido, solitario y aséptico, dependiendo de si eres un vecino paseando a su hijo o un visitante que ya ha pasado quince veces por la misma rotonda. mi amigo me indicó que vivía en la calle ebro esquina turia. “una zona conflictiva”, le dije, pero no pilló mi chiste y me aclaró que su piso tenía en los bajos un banco, una peluquería y una pizzería. “anda”, respondí, “como mi casa”.
“también había un videoclub y una inmobiliaría pero han cerrado”, me explicó. después de detenerme en tres bloques con banco, peluquería y pizzería, encontré el que tenía la inmobiliaria y el videoclub cesantes. era un edificio de ladrillo visto y oscurecido, como el mío, con ventanas con miradores negros, idénticas a las mías, y un jardín descuidado con dos columpios y una pequeña piscina. Igual que mi casa. el ascensor también era de la misma marca y, antes de entrar, revisé los buzones para comprobar que no estaba en mi propia casa. algunos nombres me sonaban.
subí a casa de mi amigo y estuve un rato con ellos. al bajar, me confundí y marqué mi piso. cuando se abrieron las puertas, apareció una mujer con una bolsa de basura. me la dio y creo que dijo: “no tardes”. después de depositarla en la isleta ecológica, dudé pero, al final, decidí volver y pulsar el telefonillo. cuando la mujer preguntó quién era, rápidamente respondí: “soy yo”. en el portal, un vecino me preguntó por el alicatado del baño y le respondí que “muy bien” y que le mandaría los datos de la empresa. creo que voy a poner a la venta mi antigua casa pero debería acordarme de dónde está. de todas formas, es un mal momento.
este es un post (post? artículo? texto? pensamiento?) prosaico. no tratará de amor. no tratará de grandes temas, no será trascendente, no será importante para casi nadie. [aunque, siendo sinceros, aunque tratase de amor o de grandes temas, o quisiera ser trascendente, podría tampoco ser importante para casi nadie]. ¿qué sucede entonces? que ahora mismo he sabido que ésta visita al blog, la mía, era la número cuatromil. justo. cuatrocerocerocero. es un número ficticio, claro, lo perturban muchos parámetros: primero, que cuando establecí, inexperto (como ahora), un vínculo a una página de estadísticas, ya había transcurrido un tiempo, de visitas no contabilizadas. segundo, que dicha página contabilizadora tuvo unas reformas que me dejaron un tiempo desinformado y descontabilizado. tercero, que mis propias visitas, que algunos días son muy abundantes, son contabilizadas, y no deberían. y así seguiríamos. por otra parte, por qué escribir en las "cuatromil" visitas, y no en las trescientasdos, o en las milsetecientasquince, o en las dosmilocho. no lo sé, hay cosas que se hacen (o se dicen) (o se escriben) y no se piensa mucho más en ellas. sé que cuatromil es un número bajo para este tipo de sitios, que hay blogs que se enorgullecen de ser muy visitados, pero aquí no se aspira a eso. saber que alguien lee, sea uno o muchos. o mejor no saberlo, espaciar la consulta de un contador. las visitas sólo son un número, algo que nunca serán las personas.

